‘Crystal Stilts’. Serrano 41. Madrid

Crystal Stilts. ¡Despierta!


Por Carlos González-Outón.

El punk, en todas sus modalidades, triunfó en los 70 y parece que el aire revival en que estamos sumergidos actualmente, ayuda a que grupos como Crystal Stilts tengan una acogida tan considerable como la que tuvieron el pasado jueves 16 de junio. Y es que con solo dos discos en el mercado (y uno de ellos muy reciente) congregaron a unas 150 personas en la Sala Serrano 41.

Y digo punk porque la fórmula de Crystal Stilts, al más puro estilo de los inicios de los Smiths, consiste en un muro de melodías machaconas, a la vez que melódicas, que crea un fondo sonoro bailable solo interrumpido por una voz distorsionada y anárquica que se cuela entre tanta monotonía. Las canciones son compuestas con apenas cinco acordes y Keegan Cooke, al frente de la batería, debe hacer grandes esfuerzos para no dormirse tocando una y otra vez el mismo ritmo.

Quizás el toque más característico de los neoyorkinos sea los momentos de shoegaze y la distorsionada voz que no conseguí oír con nitidez, y es que tal y como me ocurrió cuando vi a My Bloody Valentine, sigo sin saber si los artistas realmente quieren que la distorsión de la voz sea tal que yo, una persona con un cierto nivel de inglés, solo entienda una palabra de todo el concierto (y porque sugarbaby es el estribillo repetido de la canción con el mimo nombre…) o son fallos de sonido.

Pero al margen de esto, hace ya tiempo que vengo escuchando la polémica de si Crystal Stilts son un gran grupo consolidado o el eterno grupo revelación. Por la expectación que creó ayer en la sala Serrano 41 parecía más bien lo primero pero yo sigo despistado.

De una parte los chicos de Brooklyn suenan bien, consiguen un toque genuino y sus melodías son pegadizas y bien escogidas, pero de otra parte no dejan de ser otra banda de punk nostálgico propio de los 70.

Por otro lado, el vocalista Brad Hargett, tiene un claro estilo propio, una pose característica y un look desenfrenado que parece como recién levantado, pero por otro lado rebosa de timidez, con falta de decisión en sus movimientos, bailes descoordinados y se lleva muchas veces las manos a la espalda como si, cuan adolescente pionero en el mundo de la música, lo hubiese copiado de algún video de Noel Gallagher.

Lo mismo ocurre con sus canciones. Temas como ‘Love is a wave’ o ‘Sycamore tree’, no me dicen nada, no llegando a sonar especialmente bien, mientras que canciones como ‘Converging in the quiet’ o la conocidísima ‘Departure’ hicieron las delicias del respetable.

No se…. más gente de la que me esperaba, mucha expectación, un buen concierto, público que disfrutaba bailando las monótonas melodías… ¡pero yo sigo sin saber si Crystal Stilts han tocado techo o no!

Apéndice: me agrada no ser el único sorprendido de que la Sala Serrano 41 se esté convirtiendo en una sala de referencia para los conciertos indies de la capital, y que sean los propios grupos quienes hagan comentarios de “gracias por venir al barrio pijo para vernos”. De nada, es un placer ir a una sala que suena bien, es cómoda, agradable y está bien comunicada. Ojala el próximo sea en el auditorio nacional.