‘Alegrías de Cádiz’. El “vivir en Cádiz” de García Pelayo. SEFF’13

31Canciones Alegrías de Cádiz

Un recorrido cinematográfico de La Caleta a Cortadura. Como Woody Allen realiza en los últimos años películas cuya acción se desarrolla en Barcelona (Vicky, Cristina, Barcelona), París (Midnight in Paris) o Roma (To Rome with Love) que más parecen guías de viaje con postales bonitas en movimiento, en Cádiz ya podemos decir que también tenemos la nuestra. García Pelayo vuelve al cine (animado tras el monográfico realizado sobre su obra en el Festival de Cine de Sevilla del año pasado y un reconocimiento en Viena) con una película que convierte a Cádiz en escenario y el carácter gaditano, en tema.

Alegrías de Cádiz, que se estrenaría a finales de este verano durante el festival de Alcances celebrado en la misma ciudad, podría ser, en palabras de su director, un Vivir en Cádiz, de la misma forma que funciona la película Vivir en Sevilla estrenada en 1978.

Abandonarnos a las imágenes, dejarnos llevar por la película; ése fue el consejo que el propio García Pelayo nos dio en el SEFF antes de la proyección, porque Alegrías de Cádiz son tantas cosas que es difícil extraer una única idea de su visionado.

Cádiz es, efectivamente, el escenario idealizado de la acción. Sus calles, sus playas, incluso aquellos bares que tanto hemos transitado los que de allí somos, consiguen reflejar en esta cinta el encanto especial que los caracteriza. Pero además de eso García Pelayo también pretende en Alegrías de Cádiz realizar un retrato de la idiosincrasia gaditana haciendo presentes en ella su humor, su folklore y su música, y también el carácter gaditano, especialmente el femenino, en un personaje que sólo podría llamarse Pepa.

Es necesario decir que Alegrías de Cádiz arriesga además en términos narrativos. Su acción se ve repetidamente interrumpida, principalmente por escenas musicales; el personaje principal, el de Pepa, es interpretado por distintas actrices puesto que “todas son Pepa” y todas representan en parte el carácter de la chica gaditana; y su discurso meta literario anticipa la acción y el destino de los personajes de forma que salta los esquemas cinematográficos narrativos a los que nos tienen más acostumbrados.

Alegrías de Cádiz es en definitiva una película interesante de ver, una obra dirigida más a los sentidos que a la razón que precisa una historia cerrada y narrativamente compleja. Es así, por la importancia de la música, por su lenguaje poético en ocasiones fuertemente sexual, y por suponer un ejercicio mental de abandono a las imágenes, como bien nos avisaba su director, por lo que la película resulta una experiencia cinematográfica inusual. Es interesante además porque pertenece a ese cine raro, el que nos invita a vivir y a centrarnos en el durante, en el proceso de visionado, más que apostar toda su relevancia en el final, en el cierre de una trama o en un porqué con una sola posibilidad de respuesta.