[Crónica] Baroness en Sala Apolo (Barcelona)

31Canciones-Baroness-Sala-Apolo-Barcelona-2016

No es ninguna exageración asegurar que a día de hoy Baroness es una de las bandas más excitantes de la escena metálica mundial. Y no sólo por disponer de una discografía que todavía no presenta un borrón, sino porque su destreza sobre las tablas consigue llevar su loable cancionero a un nivel superior. Y qué decir de la obra de John Dyer Baizley, frontman de la banda y autor de varias de las exquisitas ilustraciones que protagonizan las portadas y merch del grupo. Con esta completa ensalada de ingredientes suculentos no fue sorprendente ver la Apolo de Barcelona bordeando el Sold Out. Y eso que era martes.

Los vascos Cobra fueron los escogidos para iniciar la velada. Con su reciente obra Riffyard recién salido del  horno, el potente cuarteto dejó un dulce sabor de boca entre el populacho. Basaron gran parte del set en su nuevo retoño discográfico, aunque en el tramo final de su descarga rescataron viejos temas como “General Lee” y “Life is Too Short”. El  vocalista y showman Haritz Lete comanda una solida formación donde lucen de una manera implacable David González (bajo), Ekain Elorza (batería) y Josu Luengo (guitarra). Sonidos potentes y vibrantes que en momentos suenan a unos Black Sabbath del siglo XXI y en otros recuerdan a formaciones actuales como Clutch, Mastodon o a Baroness, los protagonistas principales del cartel. Cuarenta minutos de show que agradó a los fans y sorprendió a los no iniciados. Merecen volver a la ciudad condal como reclamo principal.

El cuarteto norteamericano saltó a la palestra minutos antes de lo estipulado y con la motivación por las nubes. La inicial “Kerosene”, a pesar de sonar con algunos problemas de sonido, ya puso a las primeras filas en danza, y “March to the Sea” provocó los primeros puños en alto de la velada. En estos primeros compases quedó en evidencia que Baizley no vive su mejor momento vocal, aun así, lejos de cortarse, se dejó la piel en cada pieza del repertorio. Una lástima que ese esfuerzo de más cada noche esté repercutiendo en la duración de los bolos, ya que desde que la gira dio comienzo el grupo se ha visto en la tesitura de tener que recortar el cancionero a interpretar por las limitaciones vocales de su líder. En Barcelona, por ejemplo, nos quedamos sin “Golgotha”, “Cocainium” y “Little Things”.

En lo técnico sí que no puede haber reproches ni dudas. Las dos guitarras destilan mucho carisma y la compaginación entre los dos es digna de alabanza. Las capas  y harmonías que son capaces de crear pueden llegar a ser hipnóticos. Y cuando esas guitarras se pierden en la inmensidad sonora de su propuesta ahí aparecen las fantásticas líneas de bajo para rellenar cualquier bache. Nick Jost no es la alegría de la huerta, y sus pintas han generado controversia entre los fans, pero suple esa falta de carisma con una calidad y una versatilidad exquisita con su instrumento. Y sería una falta de respeto no hablar de Sebastian Thomson y los mil matices que es capaz de mostrar con las baquetas. El resto del grupo ataca cada tema con pasión contagiosa e invita al respetable a sumarse a esa efusividad invitándolo a corear los temas y a alzar el puño en los momentos álgidos. Lo de corear los punteos y solos mejor lo dejo para otro día…

Cuando tu propuesta alberga piezas tan variadas no es fácil mantener el dinamismo durante noventa minutos y esto fue, precisamente, lo que le faltó a este concierto. Pasamos del éxtasis a la densidad varias veces y la irregularidad fue la nota dominante durante demasiado tiempo. La interpretación fue notable, no cabe ninguna duda, pero la composición del set y los temas escogidos para formar parte de él no fue la adecuada. En ciertos momentos fue palpable la inquietud de la gente, ansiosa de épica y de cierta manera hastiada de tanto viaje por las ramas más progresivas y relajadas de Baroness. Que una gran mayoría de canciones tuviese una introducción de varios minutos tampoco ayudó demasiado en introducirse en la actuación.

Pero al Cesar lo que es del Cesar. Cerraron la primera parte del bolo con la aclamada “Eula” y se despidieron con las intensas “Isak” y “Take My Bones Away”, logrando que la parroquia fiel enfilase el camino a los aposentos con una sonrisa en la cara. Con un par de guiños les basta para provocar pogos y headbangs en las primeras filas. Si hubiesen acertado mejor con el repertorio – escasas visitas a Blue y Red–  y el ritmo del concierto estaríamos hablando de una noche para el recuerdo.

The following two tabs change content below.
Redactor especializado en crónicas de conciertos y festivales. Melómano sin tocadiscos. The Beatles, luego existo. Twitter: @HarrietBe