Bilbao BBK Live 2016. Sábado 9 de Julio, Kobetamendi

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La última jornada del Bilbao BBK Live 2016 será recordada durante mucho, pero que mucho, tiempo. El cartel carecía a priori de un grupo referente que atrajese a la multitud. En su día, la elección de Foals como cabeza de cartel creó suspicacias, y la organización se movió con rapidez, anunciando a Tame Impala como co-cabeza. Un movimiento inteligente. ¿Serían capaces los británicos y los australianos de convencer con el estatus de máximo reclamo? ¡Vaya si lo fueron! La media de edad rejuveneció respecto al viernes, con muchos pases de un sólo día. Parece que los más jóvenes estaban ávidos de subirse a la ola de las dos bandas. ¿Quién resultaría ganadora? Si sumamos a gente como Courtney Barnett, Father John Misty, León Benavente o Triángulo de Amor Bizarro al cartel, aquello prometía una jornada de gloria. Y así fue. Una oda a la melomanía, una demostración de entrega y actitud desde el primer grupo que se subió al escenario hasta que los trabajadores pasaron la escoba. Nos quitamos el sombrero (naranja), BBK.

Subimos pronto a Kobetamendi, con las pilas cargadas y dispuestos a dejar nuestra batería interna en 0. Ni niebla ni sirimiri, Soleá Morente trajo el sol y el calor desde Granada. Con el mercurio a rojo vivo, los fieles que se congregaron a escuchar su fusión de flamenco y pop-rock se guarecieron bajo la sombra que ofrecía el espacio principal. Una situación que favoreció a la intimista propuesta de Morente, a caballo entre la delicadeza y la crudeza. Sin sitio a la sombra, y sudando hasta quietos, nos dirigimos a la carpa.

Allí actuaban unos viejos conocidos de la escena bilbaína, los rockeros Yellow Big Machine. Atrajeron un buen número de seguidores, y su concierto fue muy disfrutable. Entretenido. El aperitivo perfecto para arrancar en el escenario principal con la australiana Courtney Barnett. Tanto Barnett como Father John Misty (que actuaría a continuación en el escenario dos) han sacado dos de los discos revelación del 2015, con lo que había interés por ver cómo los defendían. La australiana, zurda, presentaba “Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Sit”, acompañada por un bajo y un batería. Convenció desde el primer acorde. Rock áspero, que retrotraía a décadas pasadas, a cuando el grunge o el rock guitarrero estaban de moda (no en vano, catalogarla como la Kurt Cobain australiana ha sido el recurso manido de muchas de las críticas de su disco); apoyada por unas agradables proyecciones (dibujos animados, miel…), sin más artificios ni sintetizadores. Guitarra, sudor y rock & roll. Old school, para disfrutarlo birra en mano. Como única pega, le faltó desmelenarse un poquito, encabronarse, para que aquello pasase del notable alto al sobresaliente.

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El ex Fleet Foxes Joshua Tillman, lo que viene siendo Father John Misty, se presentó como un mesías del rock: melenudo, barbudo, con gafas de sol y vaqueros desgarrados. Puro rock star. “I Love You, Honeybear” es uno de nuestros discos de cabecera del 2015, así que una vez engullido la deliciosa comida thai en uno de los laterales del escenario, nos preparamos para escuchar el sermón musical del padre. Algunos de los matices del disco se perdieron en la nada (los de Chateau Lobby #4 (in C for Two Virgins) y Bored in the USA por ejemplo), pero fueron compensados por el carisma y magnetismo de Tillman. Para entonces, estuvo cerca de partirse la crisma y de visitar el Hospital de Cruces por culpa del impresionante trompazo que se pegó en el camino foso-escenario. Miedo nos da el resultado de un hipotético análisis de sangre. No pareció afectado, y continuó como un huracán, más enérgico si cabe. Animal escénico.

Tilmman se gustó a si mismo, revolcándose por el escenario, estirándose cual gato pardo y acercándose al público; momentazo incluido. Le quitó el móvil a un seguidor para grabar un vídeo de si mismo (“I think we’ve got it”) en el tramo final. Cerró con I Love You, Honeybear y The Ideal Husband, majestuosas. Y nos brindó uno de los momentos más surrealistas del festival. Bajó al foso para agradecer el calor del público de la primera fila, uno por uno, estrechando manos y dando dos besos… hasta que una seguidora llegó desde atrás, se hizo hueco, le agarró de la nuca y le plantó tal morreo que por poco se queda embarazada. Lo dicho, una rock star.

Aún era de día y había llegado el turno del primer cabeza de cartel: Tame Impala. Suenan los primeros acordes de Let it Happen, y nos transporta a otro lugar, lejos de Kobeta: es el final de los 60 o el principio de los 70, todos lucimos pelo largo y tenemos una cerveza y algún estupefaciente en la mano, el mundo empieza a girar y girar… Volvemos a estar en Bilbao. Sábado 9 de julio, 2016. Sonaba, ya, Mind Mischief. El que escribe estas líneas era un poco suspicaz ante tanta loa y alabanza a los australianos, pero ya se ha reconvertido para cuando se ha puesto con la crónica. El de Tame Impala fue uno de los conciertos del festival. Su pop psicodélico cuajó desde el primer minuto, la gente bailó al unísono, y aquello sonó más que bien. Las proyecciones, si bien no eran demasiado logradas, funcionaron, y el anochecer le dio un plus extra al concepto. Canciones como Elephant, The Less I Know the Better y Eventually tuvieron una gran acogida.

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¿Se merecen Tame Impala el estatus de cabeza de cartel? Vista la reacción del público y de lo bien que conocían la mayoría de las canciones, no hay duda. El cénit llegó con Feels Like We Only Go Backwards y New Person, Old Mistakes, broche perfecto. Una de las cosas más admirables del concierto fue que no solo llegaron al público joven, sino también al más veterano. Puede que unos sean atraídos por el ritmo hipnótico de los sintetizadores y otros por los riffs sabbathianos y zeppelianos; o quizás sea justo eso, la mezcla de ambas, pero lo cierto es que los australianos fueron una especie de flautista de Hamelín, hechizando al personal.

Tiramos hacia el Pepsi Stage, nuestro escenario fetiche, para ver a León Benavente. Si el viernes fueron Belako los que dejaron pequeño el espacio, los españoles se encargarían de lo mismo el sábado. “2” es una patada en las pelotas al indie patrio (sí, pelotas y no ovarios, porque el indie español repetitivo es mayoritariamente masculino), una máquina de hits, y candidato seguro a disco nacional del año (con permiso del “Salve Discordia” de Triángulo de Amor Bizarro, en el mismo escenario un rato después). Abraham Boba agradeció su presencia al público, “en vez de ver cualquier otro grupo que esté tocando ahora” (Editors y Jagwar MA), antes de desgañitarse en el escenario. Tema a tema fueron rompiendo nuestras defensas, cada vez nos pesaban menos los pies y levitamos con Tipo D, California, Gloria, Habitación 615 y Aún no ha salido el sol. Los vimos cómodos, con muchas tablas y controlando todas las facetas del directo. Boba, desbocado, acabó aporreando como loco el teclado. Tocaron como si estuviesen por última vez encima del escenario, como si no hubiese mañana. Otra actuación remarcable.

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Casi nos olvidamos de que todavía quedaba otro cabeza de cartel. ¿Sería capaz Foals de repetir o superar el éxito de Tame Impala? El principio ofreció serias dudas, con un comienzo muy dubitativo de Yannis Philippakis. Snake Oil y Olympic Airways no sonaron todo lo bien que deberían. Pero despegaron rápido con My Number. La veda estaba abierta y el baile no terminó hasta el final del concierto. Con una sola excepción: a mitad de actuación sonó la excelsa Spanish Sahara, probablemente el mejor tema de los ingleses. Con un principio delicado cual flor del desierto, va progresando y creciendo en manos de Philippakis y los suyos, hasta que se hace de todos y vibra el ambiente. El momento de la noche.

Hace un tiempo que Foals aparcó el mathrock y los coqueteos dance punk de su primer álbum para convertirse en uno de los pilares del rock electrónico actual. En Kobetamendi demostraron por qué hay que tenerlos tan en cuenta y por qué la organización los había puesto en horario estelar. Philippakis lideró la actuación con solvencia e incluso bajó al foso para darse un baño de masas. El cierre (Inhaler, What Went Down y Two Steps, Twice) fue apoteósico. Otros cortes memorables fueron Balloons y Mountain at my Gates. Un servidor echó en falta Cassius, por pedir que no quede.

Preguntar quién fue mejor, si Tame Impala o Foals, es como preguntar a quién quieres más, si a papá o a mamá. Dejémoslo en un empate técnico, desempatado por los gustos personales de cada uno. En mi caso, Foals.

El final de esta edición se acercaba, pero nos negábamos a irnos tan pronto. ¿Soulwax o Triángulo de Amor Bizarro? He ahí la cuestión, mi querido Last Tour. Aún a sabiendas de que no tendremos demasiadas oportunidades de ver a los belgas, optamos por consumir producto local. Los gallegos son los enfant terrible del indie patrio, que se sienten más cómodos en los arrebatos noise que en el rock de estadio. Eso no impide que tengan un puñado de himnos y más de una melodía contagiosa. No había tanta gente como en León Benavente, pero si lo suficiente como para saltar rodeado de gente sudorosa. TAB ofreció un concierto de diez, contundente y compacto. Bailamos con El fantasma de la transición y Baila Sumeria, y nos vacíamos con Estrellas místicas y De la Monarquía a la Criptocracia. Fabuloso.

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Exhaustos, pero con ganas de marcha, intentamos ver a Wolf Alice, pero fue prácticamente imposible. Tocaban en la carpa y aquello estaba a rebosar; no solo dentro, también los laterales. Hubiese sido mejor programarlos en el escenario dos, pero entendemos que a esa hora haya que echar el cierre a ciertas zonas para empezar con el desmontaje y la limpieza. Sin reproches. Así, todos nos juntamos en la carpa y en Basoa. Una vez terminaron los londinenses, pudimos entrar a la carpa para las sesiones de Bilbadino y 2manydjs (que empezaba a las ¡5:15!). La floja sesión de Bilbadino (nada que ver con la de Daniless el viernes) nos enfrió tanto los animos, que no llegamos a ver a los belgas, ahora en formato DJ.

¡Hasta el año que viene BBK!

FOTOGRAFÍAS: Oscar L. Tejada y Liberto Peiro © 2016 Todos los derechos reservados
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